El Tiempo de Cera

Primera de las Duineser Elegien de Rainer Maria Rilke

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Location: Lima, Peru

Lima, 03 de enero 1966

Wednesday, January 11, 2006

II. El Tiempo de Cera

Huellas sobre el polvo. Con la mirada a un punto ciego en el techo paso horas en esta postura colmada de imágenes, abandono y una luz pobre echa plena en mi mente. Recreo instantes en el Castillo de Duino. Las preguntas sin resolver surcan unas tras otras. Y aquellas huellas, la primera presencia de mi anfitrión, me hablan de un recinto inaugurado para fines especiales. La casona por fin nos acogió. El lugar elegido -para mi gusto inapropiado- pudo ser mejor. La penumbra, la soledad y la atmósfera spleen no son mejores que un Café, una salita en “Cordano” o porqué no, en el “Palais Concert”, la Neo-Colónida. Sin embargo, cuestionar los métodos en un hombre que me causa buena impresión sería injusto. Sus procedimientos quizás obedezcan a viejos recuerdos familiares o pecuniarios que desconozco y a decir verdad me importan poco.

A Manuel Olivares le perdí el rastro. Ayer por la tarde le dejé una nota. Una opinión suya -a propósito de su viejo amigo- apaciguaría mi anhelo por comprender mejor los sucesos. Admito por otro lado, que mi curiosidad es una suerte de potro sin rienda que necesito domar si no deseo volver a estropear una siguiente sesión con el señor Rainer. Hurgar en la vida ajena no es lo mismo que husmear en la Villa Filomena. Los modos respetuosos y la edad del señor me impiden develar el misterio que lo rodea.

Puedo resumir algunos aspectos y el resultado me indica algo: la lectura propuesta en castellano no solo clarifica mi intuición poética sobre la Cuarta Elegía, sino que logra mi afán de comprender la belleza y la hondura del vocablo alemán escogido por Rilke, la totalidad de este, elevando el pensamiento hacia niveles extraordinarios, desde mi modo de ver. Si tuve antes una aproximación a la poesía alemana, puedo decir que ahora cautiva mi interés, me absorbe al punto de no controlar mis prioridades. El señor Rainer, discreto como nadie, ha querido que esta llama se avive, bulla en mi cabeza acrisolada por esta pasión, quizás para iniciarme en una epopeya a bordo de mi propio “Periplo de Escila”. La pregunta es ¿y el “Vellocino?” Lo siento lejos, muy lejos aún de los linderos de mi comprensión. Dejo al tiempo, los trajines del tiempo. Las precariedades del recinto me fueron inadvertidas durante la charla: la poca luz -la necesaria- y la conversación con mi anfitrión hicieron que fueran otras las inquietudes. Nada me alejó del poema; los fines justificaron los medios.

Permítaseme referir una última impresión como resultado de mi nuevo hallazgo bajo la puerta esta mañana. Una nota en papel delgado y escrita a máquina que dice:

“Sollen nicht endlich uns diese ältesten Schmerzen fruchtbaren werden? Morgen Abend um 6.“

Era lo que esperaba. El recordatorio del señor Rainer para una nueva cita, mañana a las 6 de la tarde en Villa Filomena, como lo acordamos. Tardé algunas horas en descifrar la pregunta, no por la traducción literal sino por su significado. Veamos.
“¿No deberían finalmente estos dolores, los mas viejos, volvérsenos fecundos? Mañana hacia las 6pm”
Mi mente invadida por la sorpresa no atinó a nada: dolores fecundos, dolores provechosos, ventaja a la “mala racha”, victoria frente al inconveniente, “a mal tiempo buena cara”... No fue sino durante mi re-lectura de la Primera Elegía que descubrí la clave del enigma: una cita textual del poema, una indicación quizás. Pese a todo, seguía sin comprender el mensaje. Una línea favorita o una conclusión a la que deberíamos llegar. Es hora de ponerte a prueba, paciencia.
...

Hacia la tarde del día siguiente tomé las precauciones debidas y pequé de puntual. Asistí a la cita desde las 3, escondido en un poste a tres cuadras de distancia de Villa Filomena en la acera del frente. La curiosidad me ordenaba averiguar de qué lado de la avenida Brasil vendría el señor Rainer. ¿Mi excusa? interceptarlo a la luz del día para saludarlo. Las horas lentas pasaban sobre mí como el viento amenazante que levantaba grandes nubes de polvo en su incómodo soplo, mientras observaba el pórtico de la Villa y sus alrededores con ojos lagrimeantes de vigía frustrado... sin ningún resultado. Lamenté haber malgastado el tiempo.

Cinco minutos antes de las 6 (luego de bostezar y restregar mis ojos) pude notar con dificultad una luz pobre en la ventana del vidrio entero: la misma que me advirtió el primer día la presencia de alguien. ¡Bravo! ¡El señor Rainer estuvo toda la tarde dentro! Solo me quedaba sonreír. Luego de empujar la puerta principal y hacerme un lugar en la oscuridad avancé con resolución hacia la planta alta. La mesa, las sillas, el velero y una vela nueva -como en mi recuerdo-. Otro detalle: una silueta se dibujaba desde la izquierda del umbral al igual que un actor sobre el tabladillo del teatro, superponiéndose en el interior de la habitación. La luz de vela formaba alrededor de ésta un aura semejante al eclipse total de sol.

-Me alegra verlo nuevamente, Herr Luis. Adelante, por favor.
-La alegría es mutua, Herr Rainer.
Al cruzar, a un metro de distancia pude comprobar la sonrisa amigable de mi anciano amigo recibiéndome con una amable pose de mayordomo reverente, señalando con la palma izquierda la silla que me invitaba tomar.
-Fue inútil la vigilia, Herr Luis. En mi país la hora es la hora. Cuide usted sus ojos de los vientos de agosto.
-Gracias, Herr Rainer. Usted siempre sorprendiéndome. No quepan excusas. Resulta que usted me observó primero.
-Es de esperar una reacción como la suya en cualquiera que hurga detalles y delata impetuosa curiosidad por lo que no conoce. Sin embargo hay asuntos de inútil ocupación, elementos que distraen, como cualquiera en este recinto visto a la luz del día. Véalo así Herr Luis: ¿se imagina todo su alrededor al mediodía? Piense ahora en esa vela y en sus rayos discretos, no se necesita más para tener la mente dispuesta y predispuesta a lo excelente. Lo demás es inservible.
-Ahora lo veo, Herr Rainer. Discúlpeme usted (dije esto por mi apremiante necesidad de secar las lágrimas de mis ardientes ojos con un pañuelo) No pensé que usted aguardaría mi llegada en la casona desde temprano. Es verdad. Hay muchas incógnitas en mi mente, y eso me lleva a adoptar a veces una conducta de la que después me avergüenzo. No importa. Entiendo que me convoca para asuntos importantes.
-No lo dude, Herr Luis.

El señor Rainer tomó asiento frente a mi. Su silencio me indicaba consideración: esperaba sonriente alguna señal de comodidad.
-La curiosidad es humana, Herr Luis. Por eso mismo hay que amaestrarla para conducirla adecuadamente por el valle correcto. Vea usted otra vez las bondades de esta velita que nos oculta de lo innecesario. Lo que baña con su luz: todo lo que necesitamos. Es fatal, créame usted, la distracción, ¡esa loca yegua indomable que gusta del ancho prado para enseñorearse de nuestras limitaciones y consagrarse como la más veloz! Es necesario tenderle una trampa en las fronteras de la oscuridad.
(Me dijo esto susurrante)
-Entiendo, Herr Rainer.
-Y otra trampa buena en el silencio.
Al decir esto puso el dedo índice perpendicular a sus labios a la vez que miraba de un lado a otro.
-Este es el secreto que no supo aprovechar la buena de Elsa, Herr Luis. ¡Imagínese usted! irrespetuosa con Lohengrin. Por cierto mi buen amigo, el tiempo, el tercer elemento para acorralar a este animalito de Dios, debe también servirnos de modo provechoso... ¿no lo cree?

Dicho esto el anciano giró la mano izquierda hacia el velero, lo tomó del asa y acarició con la otra mano la vela blanca en forma cariñosa.
-El tiempo de cera, Herr Luis. ¿Cuántos dichosos hombres lo respetan? Los que así lo hacen alcanzan progresos en corto plazo y aprenden a sonreírle a la vida. Vea usted. Cada minuto en el reloj de esta cera puede ser provechoso... o inútil. Nuestra voluntad dirigida por la intuición es quien decide. La restricción del tiempo en nuestro caso nos limita a tratar asuntos alrededor de Rilke y sus Elegías. Créame usted, ¡tantos años de lectura y nuevas aristas emergen aún!
-Entonces, Herr Rainer, la vela es el indicador de la duración de nuestra...
-El conjunto de todo lo que contribuya a poner a buen recaudo a nuestra bella y traviesa yegua, Herr Luis. Pregúntese usted siempre sobre sus progresos en esta empresa y valore, por favor los medios para que su recompensa sea una silla sobre ella. Hágase digno de montarla.
-Así sea, Herr Rainer.
-Sehr Gut, Herr Luis. Sollen nicht endlich uns diese ältesten Schmerzen fruchtbaren werden? Estos dolores, los más viejos Herr Luis, como los que padecen ahora sus ojos, le han enseñado por lo menos hoy las bondades de la discreción. Pero me gustaría escuchar su comentario.
-Como no, Herr Rainer. Usted hace mención a la nota que dejó bajo mi puerta ayer y que –espero no equivocarme- es una cita de la Primera Elegía de Duino que supongo será el tema de esta noche. ¡Vaya que usted me propone una lección a propósito del episodio de mis ojos!

El señor Rainer sonreía amigablemente sin decir una palabra, observándome atentamente a los ojos como solía hacerlo: sin parpadear.
-¡Mis pobres ojos, Herr Rainer! Gracias por el consejo. Pero le confieso que no encuentro relación alguna que no sea la que le menciono.
Se levantó despacio de su silla a continuación, disculpándose con un amable “bitte”. Ya de pié me dio la espalda, cruzó sobre ésta las manos, caminó lentamente hacia la oscuridad detrás de su silla y desapareció en el rincón oscuro. Luego el silencio... el absoluto silencio. Mi voluntad temerosa de sorpresas furtivas aguardaba algo, su presencia o cualquier cosa siempre que no alterara mis nervios. De pronto su voz:
-“Wer, wenn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel Ordnungen?”
Saqué rápidamente mi versión de Jenaro Talens y respondí, texto en mano, la respectiva traducción a la primera línea del primer poema.
-¿“Quién me oiría, si gritase yo, desde las esferas de los ángeles?”
Esperaba ahora una respuesta esclarecedora a este verso memorial. La respuesta fue el silencio.

Mi actitud paralizada sobre la silla delataba una mezcla de miedo y perplejidad, pese a estar acostumbrado a las maneras propias del señor Rainer tocante a su enseñanza en cuestiones literarias. Tenía que aguardar sin distraerme. Silencio... ¿quién escribió alguna vez acerca del silencio, de su presencia en nuestro ideario humano, de los recónditos...

-Preferiría, Herr Luis, “desde el orden”, “desde el sistema de cosas” como lo pensamos en castellano, y sin temor alguno sacrificaría el contenido estético para no perder de vista la diferencia entre la Jerarquía celestial y la humana, aunque otros quieran ver aquí “un corro coral” como lo pinta Job y Goethe, respectivamente. El cuadro mental es importante, Herr Luis.

El señor Rainer hablaba ahora detrás de mi silla. Me hallaba paralizado de una pieza porque no había visto en la oscuridad ninguna puerta ni nada que explicara a mi razón la manera cómo se las pudo ingeniar para ir de un lado a otro sin darme cuenta de ello. Tenía un nudo en la garganta y no podía girar mi cabeza en este instante.
-Véalo usted, Herr Luis. El poeta olvida a veces, en el afán de la palabra idónea, la importancia del significado. “La esfera de los ángeles” según Talens, pudiera sernos útil aquí. Dejémoslo por ahora. En un ángel la transformación de lo visible a lo invisible está ya realizada. No deberíamos sentirnos satisfechos en este mundo temporal. Es terrible reconocer grilletes en nuestras muñecas, aferrarnos a lo que nuestros ojos quieren caprichosamente ver. Apuntamos hacia el pasado, hacia el origen y alternamos el péndulo de la razón hacia delante, hacia lo ulterior, a todo lo que venga después de nosotros mismos. Nuestro afán entonces consistirá en recordar, en relacionar lo que nos pertenece, nuestros propios sucesos para transformarlos constantemente desde ahora hacia delante. Es en ese sentido que la presencia de un ser angélico pudiera significar la destrucción de cualquier hijo de lo caduco, de lo terrenal. “Ich verginge von seinem stärkeren Dasein”… y lo hermoso no es sino el principio de lo terrible, ése que aún podríamos soportar. Admiramos al ángel porque éste, sereno, ha rehusado destruirnos. “Und wir bewundern es so, weil es gelassen verschmäht, uns zu zerstören“. ¡No señor, que no lo engañe la luz!

Dicho esto, tomó asiento en su silla del mismo modo como lo había hecho al abandonarla. Disimulé mi temor con una falsa apariencia de comprensión y proseguí el hilo del pensamiento cogiendo mi libro a la altura de mis ojos -falsamente présbitos- para leer, según Talens:
-“ Y aunque uno de ellos me estrechase en su corazón, su existencia mas fuerte me haría perecer. Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar y si lo admiramos tanto es sólo porque, indiferente, rehúsa aniquilarnos...”
-Ein jeder Engel ist schrecklich.
-Todo ángel es terrible…

Resoplé y alivié mi tensión con el auxilio de mi pañuelo sobre la frente, rehusando ver el rostro de mi anfitrión, pero la inercia de una tenue luz en el rabillo de mi ojo me daba la impresión de estar frente al ángel de Rilke. Mi mirada se cruzó con la de un anciano de grandes ojos café atentos a los detalles delatores a los que hice ya referencia. Alternaba el señor Rainer su mirada hacia mi y hacia la oscuridad, repitiendo dos veces más el verso de Rilke: “Ein jeder Engel ist schrecklich”.
-¿Es entonces, Herr Rainer “terrible” en ese sentido, desde el punto de vista de la limitación humana?
-Un abismo grande entre dos mundos. No sorprende la actitud melancólica de nuestro poeta frente a la impotencia que le aleja de lo que él concibe superior. Se contiene en un “oscuro sollozo”, “und verschlucke den Lockruf dunkelen Schluchzens”.
-Entonces, no hay esperanza. No habrá que recurrir a nadie como concluye el poeta.
-Sin respuestas por el momento a preguntas de gran trascendencia. No hay eco en el ángel, en el hombre ni en los animales. Repare usted que la melancolía del poeta tiene la sugerencia de una viola en el discurso de un Cuarteto. En este mundo interpretado, “in der gedeuteten Welt”, hasta el recurso de la palabra es inútil. Al menos por hoy en este instante de su delirio.
-Herr Rainer, hay un apoyo emocional para el hombre: “un árbol en la ladera”, “vielleicht irgend ein Baum an dem Abhang”. Quiero creer que es el recuerdo por lo familiar, la huella de la infancia o el propio hogar revivido en un objeto que vio el tiempo. Es mi percepción.
-Bastante cerca, Herr Luis. La contemplación en la naturaleza, nuestras costumbres aprehendidas desde la infancia están vivas en el consuelo de verlas nuevamente. Hay un afán de transformación a partir de lo tangible hacia la oscilación de lo etéreo en nuestro universo. Aquí es donde el recuerdo juega su papel consolador. Para los abuelos del hogar las cosas entrañables son las que el resto desdeña, porque no vibran ni tienen el valor que sólo pudiera asignarle su propio dueño: un abrigo, un sombrero, un reloj, una fotografía sepia... en fin, lo que se conoce como “valor intrínseco”. La contemplación y la reflexión del antepasado está viva en el objeto, créamelo usted.
-Asombroso.
-Las cosas consabidoras, Herr Luis. ¡La tragedia es que se extinguen y no pueden ser reemplazadas! Resultamos ser los últimos en reconocerlas.
-Tiene entonces sentido la soledad... el consuelo por “su árbol en la ladera”.
-En cierto sentido, claro. “Das verzogene Treusein einer Gewohnheit, der es bei uns gefiel, und so blieb sie und ging nicht“.
-“Y la mimada fidelidad a una costumbre que nos fue grata se quedó con nosotros y nunca nos abandonó”, anota Talens.
-Me gusta mas “Y así permaneció, ya no se fue”• Significado antes que belleza, Herr Luis.
-Es cierto. Ahora la noche, Herr Rainer, la que lacera el rostro y ese corazón solitario... ¿otra compañía consoladora?
-Zweiter Aufzug: Tristan und Isolde. La música y la noche se dan cita, Herr Luis como los amantes de Wagner en la intimidad de esa oscuridad suprema. “Ist sie den Liebenden leichter? „
-“Será mas ligera la noche para los amantes”
-En la noche idílica los amantes ocultan su destino. ¿Recuerda nuestra anterior conversación? El amor, ese elixir de Brangäne, juega el papel del leteo, del olvido supremo. Otra opción en las posibilidades de consuelo para el poeta. En su deseo de imitar a los pájaros hace suyo el aire que respira, que transforma dentro de sí para dominar el espacio y su propia libertad. Todo es posible dentro de nuestra fantasía creadora, ¿no lo cree?
-¿En qué sentido”las primaveras te necesitaban”?
- No todo lo que nos rodea tiene sentido en una mente distraída. Un poeta revive la primavera o una estrella como elemento subjetivo. “Es muteten manche Sterne dir zu, dass du sie spürtest“. Parece tonto, para el tonto, pero es muy fácil dejar pasar el detalle trascendental. El poeta piensa en el humano distraído, un peregrino que deja pasar epifanías, inconsciente del valor de su significado para su consecuente interpretación, si quiere usted, aristotélica. El individuo en cuestión pasa por la ventana sin advertir el mensaje subliminal del violín, como ese que asciende “dulcemente expresivo”. Escuche usted: es el llanto prolongado en el vacío de una desconsolada Ondina, de una Ariadna que llora la partida infinita del Héroe. No hay lugar para un alma distraída bajo el sol de Rilke. Es así como deambulan las almas que se aferran a lo visible, al mundo que no quieren dejar de ver, de tocar, para no “volar” como la flecha “en su gran salto”.
-Es cautivante la expresión del violín en un espíritu sensible.
-Y que por cierto ha influido como el mensaje de Lino a través de los tiempos. La sucesión del secreto y su correspondencia en la historia con las escuelas musicalmente puras de nuestra Era, con la prolongación del amanecer en Wagner, el mediodía de Debussy, y un apoteósico Abendrot o crepúsculo en Bartók, por ejemplo. “Les leçons du vent qui passe et nous raconte l’histoire du monde… «
-Conozco ese dicho: “Las lecciones del viento que pasan y nos cuentan la historia del mundo”... ¡Debussy aconsejó a los artistas por esta razón no hacer caso a nadie!
-Ni a nada salvo a su propia voz interior... y al Ángel, que espera en su visita por este mundo “trascender” alguna que otra conciencia. Es el modo cómo queremos ver el asunto, querido amigo, la clave en el pensamiento rilkeano. Recuerdo al buen muchacho este Mariátegui, cuando dejó ver que “una obra maestra no florece sino en un terreno abonado por una oscura y anónima multitud de obras mediocres”. Lea usted “El artista y su época”. El veedor resulta ser un creador, un transformador de lo visible en algo que debe alcanzar altura, como las flechas de San Sebastián en el drama de D’ Annunzio. Ahora reparará usted en ese verso rilkeano, ubicado precisamente en el lugar en el que nos encontramos: “gab eine Geige sich hin. Das alles war Auftrag”
-“Todo esto era una orden”, según anota Talens.
-Ihre “Langenscheid”, bitte.
Me indicó Herr Rainer con estas palabras que hiciera uso nuevamente del diccionario de pasta azul ubicado sobre la mesa y que sin darme cuenta, lo había depositado ahí. “Auftrag, bitte, Auftrag”, me decía, señalándome insistentemente con su corvo índice de mano derecha (semejante al índice del Adán de Miguel Ángel junto al índice de Dios)
-Veamos, “Auftrag”: ‘encargo, orden, pedido, cometido, misión’
-Me gusta en castellano ‘misión’ porque se inclina a la intención del poeta: una epifanía para la metamorfosis creadora a partir de lo tangible.
-O también ‘una orden’ como lo prefiere Talens.
-También funciona. No lo olvide Herr Luis: usted se impregna en este mundo material, de innegable caducidad y realidad, tan profundamente, lo más hondo posible, conociendo el dolor y la pasión que a ello le conducirá esta experiencia -anote bien, bitte- La Experiencia, para que la propia esencia de lo que usted observa a su alrededor vuelva a resurgir en usted mismo, pero de modo invisible.
-Me acuerdo por sus palabras, Herr Rainer de una premisa mallarmeliana. Se afirma que la razón de las cosas exteriores no consiste en lo que vemos, sino en lo que representa: un estado íntimo.
-Oportuna la anotación simbolista. Es el afán de tornarlo todo a su esencia, única conductora por los mundos infinitos para ver con ojos de entendido y no de alguien que tienta un discipulado a ciegas. Tenemos ojos no para ver, sino para discernir. La idea es antes que la vista en el éter de la temporalidad, por cierto, porque la procesamos más rápido. La liebre de la intuición dirige sin duda nuestros ojos a un punto de futura atención. Distinguimos la diferencia de los verbos “sehen” y “beobachten”, ¿verdad?
-“Ver” y “observar”, el simple hecho de mirar y el profundo acto de reflexionar.
-Hablo de la contemplación, de ese estado de embobamiento útil y transitorio del que nacieron todos los argumentos filosóficos que han pasado alguna vez por el oído humano y la mente, que sin lugar a dudas en pocos ha sido de provecho gratificante, como el caso de nuestro amigo Rilke. Privilegio para los hijos del pensamiento esforzado y no para “Die Kinder des Fernsehen”.

Luego de este último sustantivo, Herr Rainer dejó ver una sonrisa que desbordó en una hilaridad controlada pero contagiosa llamémosla, si se me permite, “in crescendo”
-¿Los “Hijos de la Televisión”, Herr Rainer? Dije en medio de una seguidilla de risa, en mi caso descontrolada.
-Ellos mismos Herr Luis; discúlpeme usted, pero no dejo de pensar en esas almas ambulantes que por su mirada y su manera de pensar, de hablar y comportar se delatan hijos de este medio de comunicación de un poder de embrutecimiento sin fronteras. La mirada de los hijos de la reflexión contemplativa, sin embargo es escasa no solo aquí sino en todas partes.
-Terreno fecundo para los ángeles.
-Así es. El libre albedrío nos coloca ahí donde queremos estar. Somos absolutamente dueños de nuestro mañana, de quién pretendemos ser. El amor pudiera también ser una causa de distracción. “Warst du nicht immer noch von Erwartung zertreut, als kündichte alles eine Geliebte dir an?”
-“¿No estabas siempre distraído, a la espera, como si todo te anunciara una amante?” Mis pensamientos, Herr Rainer, son como los de Rilke que entran y salen constantemente.
-Cante entonces a las “amantes”. Pero no a todas: “So singe die Liebenden. Die Verlassenen”.
-¡A las abandonadas! ... ¿por qué?
- Las protagonistas del amor, Herr Luis. El amor no correspondido es más perfecto que el amor satisfecho. Hay un idilio sobre las rocas en el mar de Grecia que tiene mas de mil años porque el Héroe no regresó. Una relación sin objeto. La muerte es un pretexto para ser: el último nacimiento, “seine lezte Geburt”. No lo olvide: la bondad de la desaparición da lugar a lo intangible, a lo que dura, llámelo “lied”, recuerdo, añoranza... lo que sea que esté vivo en la conciencia presente, transfigurada en viola, violín, preludio, usw.
- ¡Se reitera el tema!
- Como un Leitmotiv en Tristan und Isolde... el tema del amor, y la mirada existen en el acto final cuando Isolde -muerto ya su amado- lo revive en el “Liebestod”. Dritter Aufzug, Dritter Auftritt.
- “Mild und leise, wie er lächelt”… para algunos la más sublime en todo el drama musical.
- No lo niego. Gaspara Stampa, por ejemplo, quien dedicó tantísimas lágrimas al desdichado de Collatino di Collalto posee eso que podemos llamar “un amor perdurable”, para lo cual es necesario dejar al ser amado, al héroe, a Eneas o a Collalto. “Sollen nicht endlich uns diese ältesten Schmerzen fruchtbaren werden?”
- Acá llegamos, Herr Rainer al inicio de la madeja. La hoja bajo mi puerta esta mañana: el amor infecundo.
- El sustento creador. No lo veamos como suplicio. Resistir lo infructífero “como resiste la flecha a la cuerda” para ser concentrada en el salto más que a ella misma. “Mehr zu sein als er selbst. Denn Bleiben ist nirgends”. No hay porqué permanecer. Fatal sería si la experiencia longeva es.
- Así que es posible sacarle provecho al problema.
- Trascender Herr Luis, erkennen lassen, verraten. Sobrepasar algo permaneciendo ahí mismo. ¡Una flecha certera sobre la cabeza de Willhelm Tell!
- El secreto de la conversión...
-Stimmen, Stimmen: ahora deseo que mi corazón, Herr Luis tenga el oído piadoso de un santo en el postrar reverente de una oración... Stimmen, Stimmen...
-“Voces, voces”, “So waren sie hörend”… (Leí retomando con interés mi edición bilingüe) Así es como escuchaban. Absortos, impasibles, de rodillas...
- Aprender a escuchar el mensaje del silencio. Usted lo entenderá mejor. Un prolongado calderón después del solo de flauta en el Prélude à l´aprés-midi d´un faune... la viola en el “Lento” de Bartók... el ámbito donde desaparece toda comunicación, Herr Luis, abre la puerta para afinar el oído a lo esencial. “La brisa”, el mensaje incesante que surge del silencio” como lo traduce Talens... el rumor de los muertos jóvenes...
- Me parece, con el debido respeto, Herr Rainer, que esta comparación en el poema suena desfasada. Persigue esta imagen obsesiva de la muerte infantil al poeta.
-Lo dice usted porque empezó a discernir a partir de la Cuarta Elegía. Estamos en la génesis, en el preludio del drama, no lo olvide. En la muerte de estos jovencitos no hay injusticia.
-¿Cómo puede decir eso, Herr Rainer? Justificamos la muerte natural, no el crimen.
-No interesa la causa, sino la consecuencia en la reflexión del poeta. “Leise soll ich des Unrechts Anschein abtun, der ihrer Geister reine Bewegung manchmal ein wenig behindert”.
- “Debo aportar con suavidad esa apariencia de injusticia que un poco a veces estorba el puro movimiento de sus espíritus”.
- Ese apartar es silencioso. ¿Trascendieron ellos “al más allá”, pero sus seres queridos, los verdaderamente desdichados quedaron adoloridos “en el más acá”? Como se quiera ver. Este “más allá” es una sombra que oscurece la tierra. ¡Se olvida con facilidad que hay un “todo integral”!. La manera humana común de ver los asuntos limitarían el tránsito de estos espíritus.
- ¿Y los rumores en la iglesia de Nápoles y Roma... en la lápida de Santa María Formosa?
- Estaciones de tránsito en la vida del poeta, Herr Luis. Aquí puede usted ver el recuerdo en acción: una aparición epifánica a la manera del “demiurgo de Dublín”... ¿A leído a Joyce? Un recuerdo tiene el poder sorprendente de generar universos a partir de una idea, y la mente viaja como nuestra flecha por el espacio.
- Sorprendente, inimaginable...
- Cuando no se quiere ver. Es extraño todo esto de “dejar de practicar una costumbre apenas aprendida” olvidando que para el hombre las cosas son porque tienen sentido racional, una razón de ser: el acto de ponerle nombres a los animales... la más primitiva ocupación en Edén. “Seltsam”, dice el poeta.
- “Extraño”
- Tan extraño como dejar en el abandono un juguete roto. Cuando se ha muerto, en este ideario de Rilke, Herr Luis, se recobra uno plenamente hasta sentir la luz de la eternidad. Un tránsito natural que no requiere del ser vivo en lo tangible... son los deudos los que se aferran al recuerdo de una foto o una pertenencia... Seltsam...el misterio de la existencia, el misterio de la muerte prematura, “Aber Lebendige machen alle den Fehler, dass sie zu stark unterscheiden.”
- “Pero los vivos, todos caen el error de distinguir con demasiada frecuencia”
- En el arrastre de todas las edades a través del reino de los vivos y los muertos... “acallándolas”.
- Es esta la razón por la que “los prematuramente arrebatados” no necesitan a los deudos, “como el niño que ya no muestra apego por el pecho materno”
- “Wie man den Brüsten milde der Mutter entwächst”... La leche de los pechos maternos cumple una función temporal bastante limitada, al grado que el organismo humano prescinde naturalmente de la leche en su posterior desarrollo. Nuevamente: desprendimiento de la costumbre. Pregunta el poeta: “könnten wir sein ohne sie?
- “¿Podríamos ser sin ellos?” Difícilmente, Herr Rainer por nuestra necesidad de vivir siempre en el misterio, otra razón de nuestro ser, es decir, el sueño de la eternidad.
- La muerte de la infanta difunta en Ravel es en este misterio lo mismo que la muerte del joven semi-dios Lino, al que anteriormente hice referencia.
- “In der Klage um Linos wagende erste Musik dürre Erstarrung durchdrang” “en el llanto por Lino la música primera osó penetrar la pétrea rigidez”.
- ¡Mucho cuidado con “dürre Erstarrung”!... Ihre “Langenscheid”, bitte...
Cogí en obediencia el diccionario y leí:
- Erstaren.- entumecerse, solidificarse, congelarse...
- Una parálisis, fruto del estupor ante la muerte del joven hijo de Apolo y Terpsícore. Un árido estupor significa mucho mas que la “canzonetilla” de Talens “pétrea rigidez”. Escúcheme, Herr Luis: Este ser divino fue el primero en utilizar la vibración sonora, la melodía -para ser mas exacto- en correlato con la naturaleza. Orfeo, Hércules y Tamiris estuvieron dentro de sus discípulos. Era inevitable que Lino reprochara al desorejado fortachón de Hércules, ¡el pobre amusical! con quien no podía hacer lamentablemente el milagro. Este, colérico asestó sobre la cabeza de su maestro un golpe mortal, provocando el llanto mas desgarrador en Grecia por semejante pérdida. La ciudad de Argos lo sepultó en el templo de Apolo, convirtiéndose así en un centro de peregrinación artística.
- “Entonces, en el espacio abandonado que un adolescente casi divino abandonó casi para siempre, el vacío se llenó de aquella vibración que ahora nos arrebata, nos consuela, nos ayuda...”
- La música... Die Musik, Herr Luis, es el progreso mas notable de los seres inteligentes... en ella se une lo objetivo y lo subjetivo, lo tangible y lo intangible, la visión y la idea, la experiencia y el ideal... este mundo y la esfera de Lino y los ángeles.

En este momento el señor Rainer se puso de pié; dirigió la mirada hacia la espesa oscuridad. Giró sobre su lugar para esconderse lentamente en el fondo de la habitación, mas allá del reino de la vela. Iba y venía entre la sombra y la luz meditabundo en perfecto silencio de modo tal que lo único perturbable era mi propia respiración. Después de algún breve tiempo, con la poca luz que le reflejaba de la cintura hacia arriba, me dirigió la siguiente sentencia:
- Haga usted Herr Luis de la música su aliado. No limite su estudio al riguroso análisis anatómico. Sienta la vibración de Lino en cada acorde natural o artificial. Escuche la viola en Bartók que le susurrará un secreto entre los dos violines. Si tenemos ojos para discernir tenemos oídos para comprender.
- Seguro, Herr Rainer.

A esta altura de nuestra larga charla “el tiempo de cera” –como lo llamaba el señor Rainer- indicaba en su medio centímetro el final de nuestro encuentro. Tomé la iniciativa:
- Tengo que advertir por la vela mi retirada, Herr Rainer. No tengo palabras en este momento. Le estoy agradecido.
- No está en deuda. Sabe usted entonces lo que tiene que hacer tocante al respectivo repaso. Hay una pregunta pendiente que no requiere aún respuesta. Seguro que lo recuerda. Y con relación a la bella Elsa von Brabant, prometida en matrimonio para el caballero del Monsalvat, existe un motivo que culminó en una pérdida y en el retorno del héroe a su montaña. Del mismo modo como se aprende el valor, se aprende a callar. Interrogue sobre el asunto a Wagner. Descubra el motivo, Herr Luis. La noche le pertenece.

Dicho esto y con su habitual sonrisa de amigo, me despidió desde la sombra con su palma extendida, indicándome “adiós”. Aquella era una noche fría, desolada y de garúa.

Sobre mi cama, arropado y pensativo dirigí mi visión hacia una velita blanca que encendí sobre mi mesa de noche. La danzante llamita me habló de los tiempos, de los niños, de un funeral en Argos, de salvajes yeguas indomables en medio de una espesa bruma gradualmente densa, hasta sentirme desamparado... sin luz en el leteo... en el olvido.

Lima, 07 de noviembre, 2002


Dante Gabriel Rossetti. "The Blessed Damozel". Oil on canvas. Main picture 111 cm x 82.7 cm (43 3/4" x 32 1/2") predella picture 36.5 cm x 82.8 cm (14 3/8" x 32 5/8") 1875-79